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Cosas del Corazón: “Lo dejé porque dijo que Milagros Leiva era buena periodista”

Estimada Doctora Sincorazón:

Mi nombre es Juana y vivo en la avenida Cuba. En esta ocasión le escribo para saludarla y de paso para contarle mi caso que me ha dejado muy triste, pero más que triste: perturbada. Más que perturbada, me ha dejado sin fe en la humanidad y llena de vergüenza ajena.

Resulta que conocí a un peruano y me enamoré. Pero fue mi culpa porque pensé que era buena onda e inteligente, ya que en su Facebook siempre compartía frases de autoayuda, poemas, memes literarios y gifs. ¡Pero me equivoqué!

Felizmente no pasó una semana para darme cuenta de que estaba con un cerebro de ameba. El sujeto este (no develaré el nombre porque pienso en su viejita) se mostró tal y como era una noche cuando fuimos a cenar. Resulta que en la televisión estaban pasando un programa concurso y él pidió que cambien de canal para ver las noticias. Entonces yo me dije: “Omay gad, a este chico le importa también la política”… y de repente aparece Milagros Leiva en la pantalla.

Al principio pensé que los dos, al mismo tiempo, íbamos a decir: “¡Cambien ese canal!”, pero no. Él de inmediato me cerró la boca al decirme: “¡Oye, ella es una buena periodista! ¡Es una de las pocas con credibilidad!”. Pucha, me sentí mal, sentí como si alguien me hubiese lanzado un balde con agua.

¿A quién se le ocurre que Milagros Leiva puede ser una buena periodista? En fin. Lo peor vino después. No conforme con su primera oración, cotinuó diciendo que Leiva además era sensible porque lloraba cada vez que emitía una noticia triste. También me dijo que era una de las pocas que se enfrentaba a la dictadura de Vizcarra y a los caviares.

Cuando ya iba a pararme y salir corriendo, dijo algo peor: “Creo que el único que puede seguir sus pasos en el periodismo peruano es Mijael Garrido Lecca”. Doctora, cuando dijo eso ya no sabía si irme o lanzarle una silla de metal. Pero, para no ser tan evidente le dije que me iba al baño y ya no regresé jamás. Ni le di explicaciones porque no vale la pena.

Doctora, eso fue hace una semana. Ahora tengo pena, pero no por haberlo dejado esperando en la mesa, sino porque de seguro conocerá a otra mujer y pasará por lo mismo. Pero más pena siento porque finalmente conocerá a alguien igual a él y se reproducirán. ¡Imagine pobres niños! Ahora no sé si encararlo para que cambie o sembrarle dos kilos de droga.

¿Qué hago, doctora? Estoy desesperada y me preocupa mi país.

RESPUESTA:

Mira Juana, la verdad me has dejado también muy preocupada y eso que a mí solo me preocupa tener mi sueldo y dormir bien. Por favor, pásame tu teléfono para coordinar una visita al sujeto ese y sembrarle cuatro kilos y llevarlo al aeropuerto para que salga positivo para alcaloide de cocaína in ina ina. Besos.

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