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Casos del corazón: “Me enamoré en la cola para recoger el pavo”

Cosas que solamente pasan en este amado kiosko llamado Perú.

«Estimada Dra. Sin Corazón: Le escribo con el corazón del pavo en la mano mientras lo lavo y le saco las menudencias, pues sucede que hoy me tocó canjear mi vale. Acudí al centro autorizado más cercano de mi casa en Lima rural y lo vi. Sí, a nosotros los coneros también nos dan pavo y no paloma o codorniz, si trabajamos en una empresa formal 27 horas diarias.

«Estábamos bajo el coqueto sol de inicios de verano, delante de mí. No pude controlar mi emoción al verlo pues parecía un Adonis del Puente Camote. Felizmente la cola avanzó rápidamente. Él recogió su pavo, se puso a un costado para meterlo en su bolsa de señora del mercado. Al sentirlo más cerca todavía, el pavo se me resbaló, pero no cayó al piso porque él, muy atentamente, pudo cogerlo de la alita.

Creo que el corte de Dora la exploradora que llevo no me ayuda, pues estoy cerrando ciclos. No me pidió mi wasap ni mi feis cuando me entregó el pavo. Desde ese entonces, me da miedo sazonar el pavo, tocarlo, manosearlo, porque pienso que es él y me entra una calentura que hizo pecar a María con el Espíritu Santo. Ayúdeme, Doctora.»

 

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